Panadería Palacio – Medellín Sí Sabe

Casi extinto en el recetario antioqueño, el bizcocho de yema de huevo es uno de los productos insignes de esta panadería que tiene 101 años de existencia. ¿Su filosofía? Recetas únicas por el saber tradicional que encierran y el cuidado infinito con que se llevan al horno.

La Panadería Palacio es toda una leyenda y así lo reflejan su arquitectura y los productos que se venden en ella. Fundada en 1913, es una de las tres más antiguas de Medellín, manejada ahora por la quinta generación de la misma familia.

María Esther Cañola

En un comienzo estaba situada en el municipio de Santa Rosa, enfrente de un seminario y una iglesia. Allí, la familia Palacio tuvo la fortuna de aprender los conocimientos culinarios de un monje español, en especial de productos de panadería tales como el mojicón y el pandeyuca, que continúan siendo dos de los más vendidos. Al ver la acogida de los panes y bizcochos que producían, decidieron abrirla en la ciudad de Medellín. Actualmente tiene tres sucursales (Centro, Placita de Flórez y cerca al Éxito de Colombia).

María Esther Cañola, quien maneja el lugar junto con su esposo Gabriel Jaime Castrillón y con sus hermanas, procura que todo se siga elaborando artesanalmente y del mismo modo que se hacía desde que este negocio comenzó.

Las recetas son completamente secretas, solo las conoce Gabriel, quien se encarga de toda la producción. Tienen la línea de hojaldrados rellenos de pollo, de atún y de carne; de panes aliñados; de galletería, como los famosos marranitos para los niños o las rosquitas de mantequilla o de anís, y de calados. También mojicones, pandeyucas, pandequesos y empanaditas rellenas de dulce de guayaba.

La gente tiene tanto cariño por este lugar que pocos pierden la oportunidad de parvear allí, Cuando van grupos de señoras a tomar onces, la mesa se les arregla con mantel y todos los detalles de unas onces tradicionales.

panaderia palacio

Íconos de la ciudad
Desde principios del siglo XX, con la llegada de inmigrantes del Viejo Continente (alemanes, suizos y austriacos) dedicados a la fina pastelería y creadores de prestigiosos negocios, en Medellín nace una alta repostería, cuya calidad permitió degustar las mejores recetas europeas a unas cuantas mujeres de la alta sociedad, que gracias a su destreza culinaria y agudo sentido de observación se convirtieron en reconocidas empresarias, mientras sus maridos pasaban épocas de vacas flacas. Las señoras mencionadas inician empresa en sus cocinas de hogar, pero terminan siendo pioneras de la gestión empresarial femenina.

Hoy, algunas de esas reposterías cumplen más de medio siglo de existencia y su fama e imagen constituyen verdadero patrimonio culinario de los medellinenses; eso sí, cada una con especialidades muy definidas dentro de la amplia y variada repostería europea: bizcochería de novia; chocolatería; panadería suiza y francesa; turrones; confitería; pasteles de Gloria; pasteles de sidra y guayaba; cassatas; esquimos, y helados son una mínima gama de sus productos de fama nacional.

Mención obligada exige la acogida que tuvo la repostería y panadería argentina, la cual llegó a la ciudad a principios de los 60, convirtiéndose en motivo de encuentro de distinguidas damas, lo mismo que de la bohemia y del naciente nadaísmo.

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